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domingo, 27 de marzo de 2016

No son los otros, somos nosotros...

Desde tiempo inmemoriales se ha tratado de establecer un concepto básico de lo que es justo o injusto, aún andan los expertos, de todas ramas del saber, intentando definir dichos conceptos y, sobre todo, de dotarlos de contenido real y efectivo. Hoy día se hace difícil atisbar un mínimo referente de "justicia social", al contrario, cada vez es más complicado comprender qué significan estos conceptos tan abstractos y, en cierto modo, utópicos. Hay que encontrar algún criterio que nos sitúe ante una perspectiva de justicia y valores que sea compartida por todos y que tenga que ver con convenciones, pactos sociales y contratos, en el sentido más amplio de la palabra y todo ello con una única finalidad: equipararnos cada vez más y no separarnos abismalmente ¿Cómo se explica que el 1% de la población mundial se imponga al 99% restante?. 
 El estado social quiere hacer justicia, pero no lo consigue ya que, en la actualidad, el bienestar de unos pocos contrasta con la miseria de la mayoría. No se ven gestos determinantes, por parte de los que nos gobiernan, que hagan pensar que nos llevan por la senda de la recuperación de derechos básicos y fundamentales, al contrario, en los últimos cuatro años hemos sufrido un retroceso grave en tal sentido. Hemos de ser plenamente conscientes de que la economía no puede ser la única que rija las vidas de millones de individuos, sobre todo la economía rampante, obscena y delirante, la que nos ha llevado a un estado de locura colectiva, impulsada por todo el entramado socio-político-económico (poderes fácticos, gobiernos y mercados). Los compromisos que adquieren los gobiernos de gasto social, han de ser cumplidos sin especulación ideológica. La justicia, lo justo, lo injusto deben redefinirse para dar primacia al ciudadano y no permitir que se sigan comentiendo vulneraciones de derechos básicos. El poder ejecutivo tiene la última palabra, porque los sujetos otorgamos nuestra confianza con la única finalidad de que sean ellos los que realicen las políticas adecuadas para satisfacer las aspiraciones individuales y colectivas, pero en nuestro nombre no el el de "los otros".

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