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miércoles, 14 de agosto de 2013

Escenas

Las gotas de sudor caen por su cara; la camiseta blanca está totalmente empapada y se le marcan los pezones, hace ejercicio sin sujetador. Deja atrás la playa desierta y el sol le da la espalda. A la derecha tiene varios paisajes o escenas. Un cantante de los años cincuenta, con tupé y una rubia despampanante. Una pareja que se hace arrumacos a la vera de un rio salmonero. Un grupo de militares presos en una prisión de máxima seguridad. A la izquierda el paisaje o los sujetos son más amables. Un tahúr elegantemente vestido y sentado sobre el capó de un Cadillac con matricula de Cuba, de la Cuba pre-castrista. Dos tipos rubios de edad distinta que se disputan el puesto de "mejor". Un comediante que se convierte en filósofo y compra un teatro en la City. La visión del frente es inmensamente desconcertante: un hayedo que no tiene fin. Se va cerrando a medida que avanza y le lleva a pensar si no estará inmersa en una pesadilla, pero se pellizca y comprueba que no, es todo real. La cruel realidad es que está decepcionada y sigue avanzando sin saber si el final está o no cercano. Las pulsaciones suben, ha hecho once kilómetros en menos de media hora. Intuye que el cansancio le hará evadirse de las pesadillas o de la realidad, pero no lo sabe con certeza...

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