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jueves, 6 de junio de 2013

Presuntos delincuentes.

No he cometido el peor de los delitos: quitar la vida a otra persona. No he robado (...aunque hace muchos años cometí algún que otro hurto insignificante: afané bolígrafos, en un gran almacén. Falta prescrita, por cierto...). No he estafado jamás. No he malversado fondos públicos. Cumplo (...ateamente...) con hacienda cada año. Todas estas, son a grosso modo, cuestiones que a diario me planteo a la vista de la constante batería de noticias que recibo sobre nuestros queridos políticos, politiquillos, politicastros y adláteres (...toda una cohorte de profesionales que les arropan en sus puestos y en sus actividades nada legales...). Salvo la primera de las hipótesis (asesinar), creo que en todas las demás conductas incurren (...presuntamente...) los citados señores. Lo más sangrante es que nos vengan a dar lecciones de no sé qué tipo de "moral" fundada en principios y valores que ellos mismos se han otorgado y que cumplen a rajatabla. Sujetos que dan muchos pases de pecho y tienen a sus espaldas un largo currículum delictivo, algunos ya han pasado por prisión (¿Están rehabilitados?), otros tantos están pendientes de ser juzgados y, los más, se van a su casa con la cabeza muy alta y satisfechos por la sensación del "deber cumplido". ¿Tú también te preguntas por qué seguimos creyendo en ellos?.

1 comentario:

  1. Los políticos, como otros delincuentes, también blanquean capitales, y, necesitan de profesionales que lo hagan por ellos.
    Un cordial saludo.

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