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miércoles, 12 de junio de 2013

Cita romántica.

Tal vez, y digo sólo tal vez, no sepa qué significa el término "romántica", pero no serás tú el que me lo describa; puede ser que lo asocie a la corriente literaria que recibe el mismo nombre o que tenga un corazón helado. No me gusta recibir consignas sobre qué he de hacer, cómo he de pensar, vestir, tampoco que me dirijan hacia los gustos o preferencias de otras personas, para eso tengo las mías muy arraigadas, por cierto, con el paso de los años...bueno, creo que he sido siempre así. Relataré una historia que me ocurrió hace unos días y que es la siguiente: Recibo una invitación para ir a una casita rural. Se me prometía paz, tranquilidad, buena comida con manteles de hilo fino y velas perfumadas, música, luz, olores, sabores, fuegos a la luz de la luna, acampada bajo las estrellas con una copa de buen vino...Así rezaba el correo. No me extrañó y consideré la propuesta como algo extraordinario, pero no único...Hay diferencias entre éstos dos conceptos. Quedamos para un día y hora. Nos saludamos con la cortesía propia de dos personas educadas. Yo, precavida que he aprendido a ser, llevaba impreso el mail-invitación. Me lo pidió para comprobar que todo era correcto. Tras unos minutos de tensa espera comenzó nuestra andadura común. El lugar era frío, lóbrego. La luz de las velas se cambió por un haz fluorescente que penetraba en mis pupilas hasta casi hacerlas estallar. La música sonaba como una marcha militar, sólo tambores...un tac-tac-tac que martilleaba mis oídos. No había comida y el vino sabía más a azufre mezclado con ricino que a rica uva. Me tapó con una manta que olía a humedad y que llevaba inscritas las palabras: "HUVN"...La gran cita se acortó debido a mi incomodidad y decepción. Fueron treinta y cinco minutos vividos en una tumba blanca. Me despedí sin darle un beso. Aún no he recibido noticias suyas.

2 comentarios:

  1. La realidad supera la ficción, amiga Inma. Algunos somos duros de pelar para aprender estas lecciones, aun siendo precavidos como tú y estando más a gusto oyendo a los compositores románticos del XIX.

    No, no me consuela comprobar que no sea el único con algo de infortunio, a menos que tu preciso y precioso relato sea una alegoría de hospitales y nieves, que es lo que me temo.

    Un abrazo y salud (no te me resfríes).

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  2. El romanticismo es cosa de quincalleros.
    Un cordial saludo.

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