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miércoles, 15 de mayo de 2013

Epypsychidion.

En un libro antiguo leyó que las mujeres usaban belladonna para dilatar sus pupilas y así parecer más atractivas para los hombres. Pidió a un amigo mancebo que le preparase un frasquito con ésta sustancia y cada vez que salía se pintaba los labios y se ponía un par de gotas en cada ojo. No fallaba. Aunque el verdadero motivo por el que las usaba era para engañar a sus presas, no quería que trascendieran sus emociones y sabía que muchas personas se fijan en esos detalles. La dilatación pupilar les hacía sentir que eran deseados y ella sólo trataba de usarla como defensa contra sus propios sentimientos. Había caminado muchos kilómetros en soledad, en una especie de vacío personal al que nadie podía acceder sin un permiso especial. La sensitividad, la irracionalidad, la frialdad sólo se dirigían contra sí misma y pensaba en la de equilibrismo que hacía al cabo del día para no estar al borde del precipicio. El poema no le satisfizo y sólo se quedó con el "canto del alma" como reclamo para sus fines.

2 comentarios:

  1. Pues fíjate que yo siempre me he dejado llevar por el "principio de la navaja de Ockham": la solución más sencilla -no simple- es la mejor. Incluso cuando fracasé estrepitosamente la última vez por querer tozudamente autoengañarme (y no respetar ese principio sagrado) con unas señales de ella para todos que eran falsos señuelos de su conciencia solo para ella.

    Me vuelve a sonar eso que has escrito. Y no precisamente a algo que no conozca bien, por lo que tiene de disonante para ella y excesivamente cruel para él.

    Un saludo.

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  2. A veces no hace falta la belladona. Hemos aprendido a ocultar nuestras emociones en un acto de defensa, pero a veces de tanto defendernos caemos presos, atrapados... paralizados.

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