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miércoles, 24 de abril de 2013

En ruta.

 
 
Anduvo, durante unas horas, por la ciudad a la que siempre vuelve. Delante de la fachada del edificio más emblemático se dijo: "... le pese a quien le pese, sigo creyendo en lo que representa, aunque haya que ver cómo, cuándo y qué hacer para que funcione según se establece en las leyes...". Siguió caminando, el día era propicio para el paseo relajado, tomó café, visitó varias librerías, no compró ningún libro. Desde que le regalaron el E-book no había comprado más que uno, en cumplimiento de una obligación contraída con el Circulo de Lectores. De vuelta, cansancio acumulado, lee un librito de un autor americano, le agrada su lectura, es fluida, relajante, simpática; piensa en por qué en el cine o en la literatura el personaje principal casi siempre ha perdido a sus padres en un accidente de tráfico. Termina en dos horas y decide empezar otro, más denso, un ensayo sobre política y economía. No sabe cuántas páginas ha leído, sólo el porcentaje (el e-book no te dice el número de páginas), en el 11% lo cierra, piensa que necesita mayor y mejor concentración para esa lectura. La luna a su izquierda, música de piano recreando bandas sonoras de películas que ha visto mil veces...Alejarse, acercarse, dejarse llevar, no pensar,...Bebe agua, se duerme pensando en una frase: "...ponerse inyecciones para vivir...".

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