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miércoles, 28 de marzo de 2012

La semana de pasión.



Nada como unas semanas de pasión, previas a la semana santa, para intentar invocar al supremo jefe. Se paseó por las calles con ruegos para que  lloviese y no ha caído ni gota; para que el PP de Arenas ganase las elecciones y las ha ganado, pero no gobernará (la ley está así, que se le va a hacer, pá las duras y las maduras); para que Rajoy no tenga que pasar por el suplicio de la huelga general y la va a tener. Me da la impresión de que las plegarias están dejando de surtir efectos cuando vienen de los beatos meapilas, niños engominados y trajeados; niñas con mantilla y peineta, todos sumidos en un recogimiento especial que hace que se paralicen las calles al paso del desfile. ¿De verdad creen que toda la pompa y boato organizada sirve para algo?. Los que tienen una creencia religiosa la puede demostrar de mil maneras, desde la más estricta intimidad hasta arremangándose en un comedor para pobres, pero ir con un traje de mil leuracos, recogidos y moños tocados por mantillas que son verdaderos tesoros no harán que la fe sea superior a la que cualquier otra persona puede tener. ¿No hay crisis para las manifestaciones religiosas? Los puristas dirán que se financian con los dineros de los miembros de las hermandades, pero me da a mi que hay mucho dinero que sale de las arcas publicas. Por cierto, la talla no está mal como obra de arte.

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